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Logo Nuria Núñez. Psiquiatra

¿Has oído hablar de los TERIA o los ARFID?

-¿Eins? Nuria, ¿eso qué es? -Y los comedores selectivos, ¿ya te suena más? -Ah, eso me quiere sonar un poco más. TERIA es el acrónimo de Trastorno de evitación y restricción de la ingestión de alimentos y ARFID es su traducción al inglés, Avoidant or Restrictive Food Intake Disorder. Seguramente no has oído este nombre porque esta entidad es muy reciente, aparece por primera vez en los manuales de medicina en 2013, concretamente en el DMS 5. – Pero si los comedores selectivos han existido siempre… Así es, pero se agrupaban en otras categorías diagnosticas: se hablaba de anorexia infantil, de trastorno de alimentación no especificado, o muchos ni siquiera se definían pasando por niños muy delicados o que tenían fobias a la comida. Este nuevo nombre define a estos pacientes como los que presentan restricción para la ingesta de los alimentos pero que no está relacionada con un rechazo o distorsión de la imagen corporal. La pérdida de peso o la restricción no es buscada, como en el caso de la anorexia nerviosa, sino que son incapaces de tolerar algunos o muchos alimentos, lo que puede llevar a un problema nutricional grave. ¿Todos los TERIA son iguales? No, podemos dividirlos en 3 tipos diferentes: Miedo a los alimentos por sus características de forma, color, olor o textura. Miedo a atragantarse, asfixiarse, a que le produzca una alergia, a que le produzcan vomito o que les hagan daño al hacer caca. Inapetencia o falta de interés por comer. Como puede ser el caso de niños muy inquietos, o los que están en tratamiento con metilfenidato para el TDAH. Recordemos que, para poder hacer este diagnóstico, tenemos que descartar que la restricción sea buscada intencionadamente para perder peso por rechazo al cuerpo. Que, en ese caso, estaríamos hablando de una anorexia nerviosa. Para diagnosticarlo no tiene que haber una pérdida de peso, de hecho muchos niños tendrán sobrepeso, porque sólo consiguen comer alimentos insanos. Pero muchos de ellos podrán tener alteraciones en las analíticas, como hipercolesterolemia, anemia ferropénica o señales de falta de algunos nutrientes. ¿Qué lo pueden provocar? En el caso del miedo a los alimentos, Puede ser debido a una mala relación con la alimentación desde bebés. Hasta los 24 meses es normal que haya restricciones o rechazo a algunos alimentos, pero a partir de esa edad, lo habitual es que vayan ampliando su abanico y cada vez prueben mayor variedad. A veces estos niños se quedan con un un catálogo muy poco variado de alimentos, que además suelen ser insanos, y los padres por no discutir en todas las comidas, lo mantienen así. En algunos trastornos como el TEA ( trastorno del espectro autista), la alteración de la sensopercepción puede que les haga muy sensibles a ciertas texturas y que éstas le provoquen un extremo rechazo. El miedo a atragantarse, asfixiarse, alergias… Es algo frecuente cuando ha habido alguna situación donde los han pasado mal por estos motivos. “Un día se atragantó con un trozo de pollo, y ahora no consiente tomar sólidos” o no necesariamente que les haya pasado a ellos, “un día su tío se puso muy mal con una alergia al comer marisco y tuvieron que llevarle al hospital, el niño estaba delante y desde entonces no quiere comer, ¿pero qué tontería, no?”. En estos casos es importante tratarlo cuanto antes, porque pueden llegar a desarrollar fobias al tragar sólidos, o incluso a la saliva. Vemos a veces adolescentes que se alimentan sólo de purés y sopas por un tema de fobia a los sólidos de años de duración. También suele pasar en niños muy estreñidos, que tienen miedo a ir al baño. O en niños que han estado ingresados y han debido llevar dietas especiales. O en los que han tenido intolerancias y dolor crónico abdominal. Aunque se haya solucionado la causa y puedan comer bien, le han cogido miedo a los alimentos. En estos niños debemos descartar que de fondo haya un problema de ansiedad, o un trastorno obsesivo compulsivo. En los casos de inapetencia o falta de interés por la alimentación, Debemos explorar bien qué pasa a la hora de las comidas en casa. ¿Cómo se relaciona la familia con la alimentación? ¿ Es un momento de batalla campal con sus padres? ¿Es que está tan entretenido jugando que el comer no le interesa? ¿Y cómo se trata? Pues el tratamiento debe ser multidisciplinar, es decir, que implique a varios profesionales. Habitualmente psicólogo o psiquiatra, pediatra y a veces logopeda y nutricionista. Los niños con TERIA suelen acudir primero a pediatría, donde los padres acuden asustados por la dificultad en la ingesta, por la pérdida de peso o porque no pueden hacer vida social normal (comedor escolar, campamentos, comer con los abuelos, excursiones con el colegio…). El pediatra hará una exploración completa a nivel físico, preguntará por los hábitos alimentarios tanto del paciente como de la familia y solicitará pruebas complementarias si lo considera necesario. Os dará pautas para corregir malos hábitos en las comidas, y consejos para ir abriendo el abanico alimentario. Si el caso es muy grave, hay mucha pérdida de peso, o alteraciones analíticas importantes, se puede llegar a proponer incluso un ingreso hospitalario para iniciar una realimentación y recuperar el índice de masa corporal. Pero si las indicaciones y pautas de pediatría no funcionan, probablemente os derivarán a salud mental, para tratar la causa base que está generando esta dificultad alimentaria. Los psicólogos y psiquiatras trabajaremos en profundidad en el estado mental de los pacientes, exploraremos sus miedos, sus fobias, sus emociones antes, durante y después de las comidas, trabajaremos con las familias las pautas disfuncionales alimentarias e iremos indicando nuevas explosiones alimentarias. Los psiquiatras si detectamos que de fondo hay alguna patología que está generando mucha angustia por la comida, podremos pautar tratamiento farmacológico, que siempre siempre debe ir acompañado del trabajo en psicoterapia con los niños y los padres. En el caso de que el trastorno esté provocado un el tratamiento farmacológico del TDAH (… Seguir leyendo ¿Has oído hablar de los TERIA o los ARFID?