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Las emociones son como nuestros sensores: aprende a escucharlas

En la era actual, donde prestamos más atención que nunca a la salud mental y lo emocional, parece que también vivimos con más miedo a sentir. Nos preocupan especialmente esas emociones que nos abruman, ya sea en nosotros mismos o en nuestros hijos. Pero, ¿qué pasaría si en lugar de temerlas, las entendiéramos como algo positivo? Las emociones, incluso las negativas, son como los sensores de un coche: están ahí para protegernos y guiarnos. ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar nuestras emociones? Hoy en día, la sensibilidad emocional parece estar en el centro de muchas conversaciones, pero a menudo nos sentimos incómodos con ella. Esto es especialmente cierto cuando se trata de emociones negativas como el miedo, la tristeza o la ira. Las vemos como algo que debemos evitar o controlar a toda costa. Esta actitud es comprensible, sobre todo cuando nos encontramos abrumados o cuando nuestros hijos pasan por momentos difíciles. Sin embargo, esta necesidad de controlar o reprimir nuestras emociones no es la mejor solución. En realidad, nuestras emociones son herramientas valiosas que nos ayudan a navegar el mundo. Cuando ignoramos nuestras emociones, es como si estuviéramos desconectando los sensores de nuestro coche: perdemos una fuente vital de información. Las emociones son nuestros sensores: ¿Qué nos quieren decir? Para comprender mejor el papel de las emociones, me gusta utilizar una analogía que empleo a menudo en consulta: las emociones son como los sensores de un coche. Los sensores nos avisan si estamos demasiado cerca de otro vehículo, si vamos demasiado rápido o si algo puede salir mal. Lo mismo sucede con nuestras emociones. Cada emoción es un «sensor» que nos está informando de lo que está ocurriendo en nuestro interior o a nuestro alrededor. Por ejemplo, la tristeza puede ser una señal de que necesitamos detenernos y procesar una pérdida. El miedo nos alerta de un posible peligro, y la ira nos indica que nuestros límites han sido cruzados. No podemos ignorar estas emociones, porque al hacerlo, estaríamos dejando de lado señales cruciales para nuestro bienestar emocional. El miedo a las emociones negativas: un obstáculo a superar Es común ver cómo los padres se preocupan cuando sus hijos son muy sensibles o tienen respuestas emocionales intensas. A menudo, esta sensibilidad se percibe como una debilidad o algo que debería «corregirse». Sin embargo, en lugar de verlo como un problema, debemos entender que esa sensibilidad indica que los «sensores» de nuestros hijos están funcionando. Tal vez necesitan ayuda para ajustarlos, pero la respuesta no es desactivarlos. Aceptar nuestras emociones y las de nuestros hijos es el primer paso para gestionarlas adecuadamente. No se trata de inhibir las emociones, sino de aprender a calibrarlas. Esto significa permitir que los sensores emocionales funcionen correctamente, alertándonos cuando es necesario, pero sin reaccionar ante cada pequeño estímulo. La importancia de la mentalización Aquí es donde entra en juego el concepto de mentalización. La mentalización es la capacidad de entender y reflexionar sobre los estados mentales propios y ajenos, es decir, de interpretar y dar sentido a nuestras emociones y pensamientos, así como a los de los demás. Este proceso es clave para poder regular nuestras emociones y relacionarnos de manera saludable con quienes nos rodean. Para poder mentalizar a nuestros hijos, primero debemos aprender a identificar y comprender nuestras propias emociones. Esto es fundamental, porque solo cuando somos capaces de reflexionar sobre lo que sentimos, podemos ayudar a nuestros hijos a hacer lo mismo. Al enseñarles a identificar y comprender sus emociones, también les estamos dando las herramientas para que puedan mentalizar a otras personas: amigos, hermanos, padres e incluso adultos en sus vidas. Mentalizar no solo implica entender lo que uno siente, sino también poder ponerse en el lugar de los demás y comprender lo que ellos podrían estar sintiendo. Este es un paso esencial en el desarrollo de la empatía y las habilidades sociales. El papel de la crianza en la regulación emocional y la mentalización Cuando nacemos, nuestros sensores emocionales están hiperactivados. Los bebés reaccionan a prácticamente cualquier estímulo porque todo es nuevo para ellos. A lo largo de la infancia, el papel de los padres es fundamental para enseñar a sus hijos a «calibrar» estos sensores emocionales. Con el tiempo, los niños aprenden a reconocer qué situaciones realmente requieren una reacción emocional fuerte y cuáles no. Este proceso es crucial para el desarrollo de una regulación emocional saludable. Del mismo modo, los padres desempeñan un papel importante en la enseñanza de la mentalización. Al mostrarles a los niños cómo identificar sus emociones y reflexionar sobre ellas, les estamos ayudando a desarrollar la capacidad de hacer lo mismo con los demás. Esto es especialmente importante cuando se trata de emociones complejas o negativas, como la tristeza, el enojo o el miedo. Ayudar a nuestros hijos a manejar sus emociones no significa enseñarles a reprimirlas, sino guiarlos para que entiendan qué les están diciendo. Escuchar, aceptar y mentalizar: Claves para el bienestar emocional Entonces, ¿qué podemos hacer para ayudar a nuestros hijos y a nosotros mismos a gestionar mejor nuestras emociones? El primer paso es escuchar lo que las emociones nos están diciendo. Aceptar que están ahí por una razón y tratar de interpretar su mensaje. Una vez que comprendamos lo que nos están señalando, podemos ajustar nuestra respuesta para asegurarnos de que nuestras emociones nos guíen, en lugar de controlarnos. La mentalización es esencial para este proceso. Si logramos mentalizar nuestras emociones, podremos enseñar a nuestros hijos a hacer lo mismo. Así, no solo estaremos ayudando a que comprendan sus propios estados mentales, sino también a que desarrollen una mayor empatía y habilidades sociales en sus relaciones con los demás. Conclusión En lugar de temer nuestras emociones o las de nuestros hijos, es hora de empezar a verlas como lo que realmente son: nuestros sensores internos. Nos alertan, nos guían y nos ayudan a navegar por la vida. Si aprendemos a escucharlas y a calibrarlas correctamente, y fomentamos la mentalización, seremos capaces de manejarlas mejor y vivir con mayor… Seguir leyendo Las emociones son como nuestros sensores: aprende a escucharlas

La clave para ayudar en la regulación emocional de nuestros hijos: LA VENTANA DE TOLERANCIA

¿Sabes qué es la ventana de tolerancia y cómo entenderla nos ayuda a empatizar con nuestro hijos? LA VENTANA DE TOLERANCIA  ES LA CLAVE PARA ENTENDER LA REGULACIÓN EMOCIONAL Cuando abro una cajita de preguntas es súper frecuente que me encuentre varias relacionadas con la regulación emocional, cómo hacer que nuestro hijo nos entienda en plena rabieta, o cuando el adolescente está subiéndose por las paredes y no nos escucha. Como siempre, antes de daros la solución, vamos a explicar las bases de por qué pasa esto y una vez lo entendamos seguro que podemos ser más empáticos con nuestros hijos y mantener así la armonía familiar. Para entender las relación entre emociones y razonamiento, hay que conocer que de estos en el cerebro se encargan áreas diferentes ( esto no es tan simple, pero nos ayuda a comprender la parte fundamental) EMOCIONES: AMÍGDALA RAZÓN: CORTEZA PREFRONTAL Cuando la emoción es muy fuerte, se produce lo que llamamos un “secuestro amigdalar”, es decir, la amigdala toma el control y no permite a la corteza prefrontal actuar y tomar decisiones desde la razón. Bien, una vez explicado esto, vamos a otro concepto, que acuñó el psiquiatra Daniel Siegel y que representa de forma muy gráfica ese equilibrio entre amígdala y córtex prefrontal en nuestro funcionamiento en el día a día.   En nuestro día a día, los adultos funcionamos dentro de una ventana de tolerancia X, cada uno la suya. Yo dentro de mi ventana de tolerancia puedo acudir a trabajar y pasar consulta aunque esté preocupada porque la niña tiene tos, o habiendo dormido poco, o pendiente de que tengo que contestar 27 e-mails o habiendo tenido un susto conduciendo la moto. Pero, si llevo una temporada horrible sin dormir, estoY esperando el resultado de una analítica que me tiene mosqueada, la chica que me ayuda en casa no ha podido venir y encima se me ha roto la lavadora… es posible que esté irritable, ansiosa, obsesiva, que salte por cualquier cosa, y que empiece a tomar malas decisiones fruto de la emoción, ya que mi amígdala toma el control y no deja a mi corteza prefrontal trabajar. Esto es el fruto de estar por encima de mi ventana de tolerancia, es decir, HIPERACTIVADA También puede pasar lo contrario, que reciba una mala noticia inesperada, o un susto enorme por un accidente de tráfico… y me bloquee, en una respuesta primitiva por el miedo. En ese caso saldré de mi ventana de tolerancia HIPOACTIVÁNDOME, quedándome inmóvil, sin energía, sin poder comprender nada de lo que me dicen o lo que esté leyendo o estudiando… ¿Por qué os cuento todo este contexto? Siegel llamó ventana de tolerancia a la «zona de excitación óptima donde las personas somos hábiles en el manejo de emociones, incluso cuando estamos tristes y enfadados” Es decir, para poder funcionar en un equilibro entre emociones y razón o entre amígdala y córtex prefrontal, debemos estar dentro de nuestra ventana de tolerancia. En los niños, esa ventana es muy estrecha y enseguida pasan a un estado de hiperactivación que les hace inmune a nuestro razonamiento o a nuestra indicaciones. Si los padres no somos capaces de identificar ese estado, nos enfadaremos y entraremos en una espiral de violencia que sólo hará que la dinámica familiar empeore. Así que lo primero que debemos hacer es ayudarles a volver a su ventana de tolerancia, a través de la regulación emocional. ¿queréis saber cómo ayudarles a volver a su ventana de tolerancia? Os lo cuento en el próximo post!